domingo, 26 de junio de 2016

CAPITULO 206




La Sra. Porcelli tiene la semana libre por lo que esta mañana, Estoy comiendo un adorable desayuno campestre que mi esposa ha cocinado para mí: tocino, galletas y salsa, hechos justo como Nanna le enseñó. Mi esposa es una buena cocinera, pero de nuevo, es buena en todo lo que hace.


Es curioso como nunca solía salir de la cama antes de que saliera para el trabajo, pero ahora está conmigo cada mañana. Creo que es el embarazo jugándole una mala pasada, o tal vez la preparación de su cuerpo para dormir menos ya que tiene treinta y dos semanas. Sólo faltan ocho más, si llega a la fecha estipulada. De cualquier manera, se duerme a media tarde, por lo que su cuerpo todavía está recibiendo el descanso que necesita.


Estoy terminando mi último bocado cuando el teléfono de P suena: el tono de su mamá.


Han hablado muy poco desde que Paula estuvo en el hospital, y no tengo ningún problema con eso. Julia Chaves rara vez tiene algo positivo que decir.


Mira el teléfono y creo que está debatiendo si contestará.


—Me pregunto qué será esta vez.


—No tienes que contestarle. Sin duda, no pensaré mal de ti.


—Siempre me ha preocupado si les ha sucedido algo a Nanna o Pops. Son la única razón por la que respondo la mayoría de las veces. —Toma su teléfono—. Hola, mamá.


Paula hace señas de que deje mis platos mientras los recojo y los llevo al fregadero para enjuagarlos antes de colocarlos en el lavavajillas. Sé que no le importa hacer eso por mí, tal
vez incluso le hace sentirse más domestica cuando lo hace. 


A menudo he meditado sobre cómo se siente acerca de tener a la señora Porcelli aquí por el cuidado de nuestro hogar, si se trata de una intrusión en su papel como esposa o si es feliz de verse liberada de las exigencias del hogar para que pueda dedicar sus días a la composición, en lugar de la lavandería.


Cierro la puerta del lavavajillas y veo a Paula agarrando el mostrador de la cocina para el apoyo. —¿Cuándo?


La alcanzo, temeroso de que sus piernas cederán debajo de ella, y asumo lo peor, que algo le ha sucedido a uno de sus queridos abuelos. Dirijo hacia ella un taburete y se sienta, colocando el codo en el mostrador y apoyando la cabeza en la palma de su mano, apartándose el pelo de la cara. Ella lo deja allí, su mano sosteniendo su cabeza. —¿Esa es toda la información que están lanzando?


Cierro la puerta del lavavajillas y veo a Paula agarrarse de la encimera de la cocina como apoyo.


—¿Cuándo?


Me dirijo hacia ella, temeroso de que sus piernas cederán bajo ella, y asumo lo peor: algo le ha sucedido a uno de sus amados abuelos. La guío hacia un taburete y se sienta, colocando el codo en la encimera y apoyando su cabeza en su palma, alejando el cabello de su rostro.


La deja allí, su mano sosteniendo su cabeza.


—¿Esa es toda la información que están publicando?


Termina la llamada con su madre y me mira sin decir nada.


—¿Qué pasó?


—¿Qué has hecho?


Estoy desconcertado en cuanto a lo que está hablando.


—¿Qué quieres decir?


—Fernando Phillips fue encontrado muerto esta mañana… un disparo en el pecho.


¿Y asume que tuve algo que ver con eso?


—¿Me estás preguntando si mandé matar a Fernando?


—Sí.


No puedo creer que crea que soy capaz de hacer algo así. 


He tenido un montón de dudas al respecto, y tal vez incluso insinué que me gustaría, pero nunca sería capaz de quitarle la vida a alguien.


—¿Qué clase de persona crees que soy?


—Una que ama a su esposa y se haría cargo del hombre que la atacó y se salió con la suya. Y uno que me pidió un sin preguntas.


De eso se trata.


—Tenía algunas cosas en las que estaba trabajando concernientes a Fernando, pero no tuve ningún papel en su muerte.


—Quiero saber lo que estabas haciendo.


Supongo que el sin preguntas es nulo y sin valor ahora.


—Jim fue a Nashville cuando me enteré de que los cargos contra Fernando estaban siendo retirados. Estaba volviéndome loco porque iba a salirse con la suya con lo que te hizo, así que quería encontrar otra manera de hacerle pagar. Si no iba a la cárcel por atacarte, lo iba a arruinar de cualquier manera posible.


—¿Qué encontró Jim?


Va a estar a punto de vomitar de nuevo cuando le diga lo que sabemos.


—No fuiste a la única a quien Fernando atacó. Violó a una joven el pasado otoño mientras ustedes eran novios. Estaba siendo representada por Fernando y de repente desapareció, dejando la industria de la música. Parece que hay un patrón con sus clientes mujeres así que Jim tomó una mirada más cercana. Localizó a pocas de las mujeres, pero ninguna quiso hablar… hasta Hannah Dody.


Está asintiendo con la cabeza.


—Recuerdo muy bien a Hannah. Era muy joven, tenía algo así como diecinueve años, pero bastante buena. Fernando me dijo que se fue porque no podía lidiar con la industria de la música, así que se fue a casa con mamá y papá, sus palabras literales.


—Es la única persona que habló con Jim. Admitió que Fernando la violó.


—¿No has acudido a Grayson Drake con esto?


No, pero estoy deseando haberlo hecho ahora.


—No. Jim aún está investigando otros rastros.


—¿Te van a buscar por esto?


Es una posibilidad después de la forma en que actué cuando hablé con el fiscal.


—No sé las circunstancias de su muerte, así que no tengo idea.


—Por favor, dime que no hiciste ninguna amenaza cuando hablaste con Drake.


Estaba frustrado e indignado cuando hablé con el ayudante del fiscal. Tengo muy pocos recuerdos de esa conversación, con una excepción.


—Puede que haya mencionado algo acerca de tener el dinero y las conexiones.


Paula cubre sus ojos con la mano.


—Oh Dios, no lo hiciste.


Podría haber dicho algo mucho peor, y es un millón de maravillas que no lo hice.


—Me acababan de decir que Fernando iba a salir, así que estaba enojado. No pueden usar eso en mi contra. He estado aquí contigo todo este tiempo y eso se puede demostrar fácilmente.


—Pero podrían decir que contrataste a alguien.


Está suponiendo lo peor.


—No tenemos idea de cuáles sean las circunstancias. Podrían ya tener un sospechoso en custodia. Alguien podría haber confesado. No lo sabemos.


—Hay que ponerse en contacto con Grayson Drake y decirle lo que sabes.


Eso podría ser un error.


—No sé si eso es lo mejor o no. Tenía un investigador privado investigando a un hombre que atacó a mi esposa, y luego aparece muerto. Eso no se ve muy bien para mí.


—La retención de información tampoco parece algo bueno —argumenta.


De acuerdo.


—Debería llamar a mi abogado.


—Creo que es una buena idea.


Mi abogado, Rhett Clarence, es capaz de hablar conmigo cuando llamo, uno de los privilegios de ser considerado un cliente VIP. Explico todo desde el principio y siente que no tenemos más remedio que notificar a la oficina del fiscal sobre la información que Jim ha descubierto. Pero insiste en hacer él mismo la llamada.


Esperando saber de Rhett es brutal. Pasan las horas y me doy cuenta por primera vez de que podría ser sospechoso de contratar a alguien para matar a Fernando. Sin duda tenía
motivos y contraté a alguien para investigar su vida. Podrían decir que él y sus rutinas estaban estudiadas para lograr el crimen perfecto.


P y yo estamos sentados en el sofá. Está apoyada contra mí, su cabeza en mi hombro.


—Quería que Fernando fuera a la cárcel, pero no lo quería muerto. Sé lo que era, pero hay tres niños pequeños y sin un padre ahora. Por lo menos si hubiera entrado en la cárcel, todavía lo hubieran tenido. Algo así.


—No querías verlo muerto porque tienes un buen corazón y quieres lo mejor para esos tres niños inocentes. Eres compasiva, y es sólo una de las muchas cosas que amo de ti. —Yo, por el contrario, deseé más de mil veces haberlo matado en aquella habitación de hotel esa noche.


Mi teléfono suena. No vacilo en responder.


—Hola.


—Rhett aquí.


—¿Qué descubriste?


—Todavía están trabajando en los detalles de lo que sucedió, pero esa joven de la que me hablaste, Hannah Dody, se suicidó hace dos días. Dejó una carta diciendo que no podía vivir con lo que Fernando le había hecho. Creen que su padre fue superado por la furia y el dolor hasta el punto de que estaba esperando a Fernando en el estacionamiento del estudio de grabación. Le disparó cuando entraba en su coche.


Mi corazón está con la familia de Hannah. Nadie debería tener que experimentar un ataque o sus consecuencias. Y ahora esta familia no ha perdido sólo a Hannah, sino también a su padre. Ese fácilmente podría ser yo. Fernando no fue capaz de terminar su intento de violación con Paula, pero ¿qué habría hecho yo si no hubiera llegado a tiempo? No me hace falta responder a mi propia pregunta, ya la sé.


—Gracias, Rhett. Has tranquilizado mi mente.


Termino la llamada y Paula me mira con expectación.


—¿Qué?


—Hannah Dody se suicidó hace dos días y dejó una nota nombrando a Fernando como la razón. Su padre le disparó a Fernando porque estaba muy consternado por el suicidio de su hija.


—Pobre familia. Conocí al Sr. Dody. Venía al estudio con Hannah varias veces. Siempre la llamaba su estrella brillante y ella se avergonzaba y bromeaba con que no iba a permitir
que volviera. Tenían una estrecha relación de padre e hija, y la envidiaba por eso.


Acerco a P y la aprieto. Mi chica es fuerte, pero quién sabe cómo hubiera hecho frente a la situación si Fernando hubiera terminado lo que empezó con ella.


—No quiero dejarte fuera de mi vista otra vez. —Pongo mi mano sobre su vientre—. O a Maggie James. —No he puesto los ojos sobre ella todavía y ya sé que mataría para protegerla—. Espero que no condenen al padre de Hannah por lo que hizo.


—Me sorprendería si pudiese permitirse un buen abogado. Recuerdo a Hannah diciéndome que el dinero era escaso. Le presté ropa más de una vez porque no tenía nada que no viniera de una tienda de segunda mano.


El padre de Hannah estaba fuera de sí por el dolor. Se merece una representación adecuada.


—Quiero ayudar a su padre. Se merece una oportunidad decente en su defensa. —P no dice nada, así que no estoy seguro de lo que piensa acerca de eso—. ¿Cómo te sientes
acerca de pagarle sus gastos legales?


—Muy orgullosa, Alfonso.






CAPITULO 205



Estoy nerviosa en el camino al hospital y ni siquiera soy yo quien está en labor de parto.


—No puedo creer que Aldana estará empujando a otro ser humano fuera de su cuerpo hoy.


—No puedo creer que estuvieron casados sólo por ocho horas y ahora ella está en el hospital a teniendo un bebé. Te garantizo que la folló hasta hacerla entrar en labor de parto. —Deja a Pedro Henry decir algo así.


—Si él realizó algo como lo hiciste en nuestra noche de bodas, entonces me lo puedo creer.


—Te lo estoy diciendo, P, no importa cuántas veces hayan estado juntos antes de su noche de bodas, tener a tu esposa por primera vez es diferente. —Me aprieta la mano—. Y tener a tu esposa embarazada por primera vez es aún mejor.


Sé lo que era diferente para mí, pero me gustaría escuchar su opinión.


—¿Qué hubo de diferente al respecto?


—Hay un aumento de testosterona cuando el macho humano toma una compañera y luego eso se combina con la unidad intrínseca de un hombre para procrear.


—Tonterías.


—Tienes razón —dice, riendo—. Me invente todo eso.


—Estabas asustado como el infierno la primera vez que estuvimos juntos después de que sabíamos que estaba embarazada. —Tuve que ir arriba porque él apenas se movía.



—Es cierto, pero no significa que no lo disfrutara como el infierno.


Como si alguna vez no lo disfrutara.


—Nombra una vez que no lo disfrutaras como el infierno.


—Cierto.


Nos detenemos en el estacionamiento y Pedro Henry me deja salir en la entrada principal.


—¿Quieres que te espere en el vestíbulo?


—No, ve arriba. Estaré pasando el rato en la sala de espera si me necesitas. —No estoy preocupada por que encuentre su camino. Está muy familiarizado con este lugar después
de nuestro susto hace unos meses.


Paso por la sala de espera fuera de maternidad y parto en el camino a la habitación de Aldana. Su familia está aquí. Incluso si está en labor temprana, el momento no podría ser
mejor ya que su familia está aquí para la boda, a menos que tenga complicaciones porque el bebé es prematuro. No había pensado en eso hasta ahora.


Toda la familia de Aldana y Zac está aquí, incluyendo a Benjamin. Genial. Pedro Henry sentado en la sala de espera con él no saldrá bien, pero al menos Chloe está aquí para calmar a su hermano.


—¿Dónde está Pedro? —pregunta Chloe—. Mejor que no se haya quedado en casa mientras conducías por ti misma hasta aquí en medio de la noche.


—Está aparcando el coche. Estará aquí pronto. —Hago una pequeña charla hasta que él llega porque me siento como si hubiera estado obligado a tolerar a Benjamin mucho últimamente y su paciencia podría estar llegando a su fin.


Entra y detecto frustración en su rostro al ver a Benjamin. No le puedo decir lo que me gustaría, así que le articulo que por favor sea agradable antes de dejar la sala de espera. Saca su aureola imaginaria sobre su cabeza.


—Gracias —murmuro. Eso es una cosa menos de que preocuparme.


Entro en la habitación de Aldana y está sentada hacia arriba en la cama, con las piernas abiertas, aplicándose maquillaje. 


Santo cielo. Eso no es en absoluto lo que me imaginaba.


Pensé que estaría sacudiéndose y gritando a ciencia cierta.


—¿Por qué estás poniéndote maquillaje y no actuando como una loca?


Se detiene y levanta la vista de su espejo.


—Quiero lucir bien para las fotos.


¿Qué demonios?


—Pensé que estabas en labor.


—Rompí aguas pero no estoy teniendo contracciones todavía.


Esto no suena bien.


—¿No es necesario tener contracciones para el nacimiento de un bebé?


—Aparentemente por lo que no estoy dilatada, pero están a punto de comenzar un goteo que estimulará las contracciones.


El goteo es uno de los temas que leí en un foro de parto que sigo y todo el mundo dijo que hace que las contracciones sean mucho más fuertes. Apuesto a que Aldana no tiene ni idea de lo que está a punto de ocurrirle. No es una investigadora como yo.


—Tal vez deberías estar practicando cómo vas a respirar si estás a punto de recibir un goteo de oxitocina.


—Tengo esto bajo control, Pau.


Noventa minutos con el goteo de oxitocina y Aldana obviamente no tiene esto bajo control. Se está retorciendo en la cama con tanta fuerza que tiene un enorme nido de rata en la parte posterior de su pelo.


—DiosMío, esta es la peor cosa que he hecho en mi vida. No pensé que iba a doler tanto. Es horrible, Pau. Terrible.


No sé qué decir, excepto recordarle de las cosas que estoy aprendiendo en mi clase de parto.


—Respira. Respira lenta y profundamente.


Zac está sentado en una silla junto a la cama mirando el monitor fetal.


—Aquí viene otro.


—¡Cierra la boca, Zac! —Golpea sus manos sobre el colchón—. ¿Crees que no sé cuándo viene otro? ¡Soy yo la que siente esta mierda!


Hago mi mejor intento de darle a Zac una mirada de ánimo, aunque no estoy muy segura de lo que parece en estos momentos. ¿Una cosa que sí sé? La ruptura de la fuente antes de que estés en trabajo de parto, resulta que no es lo que queremos que suceda. A menudo toma más tiempo conseguir entrar en labor de parto activo —cuatro centímetros—, o que significa que tienes que sufrir más tiempo antes de que puedas obtener una epidural.


Aldana tenía un centímetro en su último examen. Esto va a tomar un tiempo.


Ruego que esto no me suceda a mí.


—Tienen que darme algo para el dolor. Llama a mi enfermera y dile.


Amy, la enfermera de Aldana, es una mujer dulce y joven, con una coleta alta. Irradia felicidad, lo que es genial, pero quiero advertirle que sus sonrisas no están volando con su paciente en estos momentos. Aldana está siendo francamente maliciosa.


—Es hora de revisarla, Sra. Kingston.


Amy baja la cabecera de la cama para hacer su examen y su mano desaparece bajo las sábanas de la cama. Aldana se retuerce, estoy segura que está haciendo más difícil que su enfermera vea cuanto ha dilatado.


—Oh Dios. Aquí viene otra.


—Estás mucho más cerrada en esta ocasión. ¿Tratará de tolerar que la revise con esta contracción para que pueda estirar su cuello uterino? —Amy parece estar cavando con
todas sus fuerzas mientras Aldana se retuerce—. Aguanta, Aldana. Casi terminamos…


—¡Hija de puta! —Agarra la muñeca de Amy y te puedo decir que está apretándola—.Tienes que parar.


Su enfermera le toma la mano de debajo de las mantas y se quita el guante.


—Te tengo a cuatro centímetros. ¿Cómo te sientes acerca de recibir una epidural? — Vuelve a la cama después de depositar su guante ensangrentado en la basura y se inicia el levantamiento de la cabecera de la cama.


—¡Sí! —grita Aldana—. ¡De inmediato!


Amy se ríe con su sonrisa infantil.


—Está bien. Voy a empezar el bolo IV y traeré al anestesista.


—Gracias, Amy.


—Oh, de nada. Me alegro de que pudiéramos llevarte a ese punto —dice antes de salir de la habitación.


Esas son una gran cantidad de cambios desde su último examen.


—Eso es fantástico, de uno a cuatro centímetros. Dijeron que tan solo te dilatarías un centímetro por hora una vez que empezaras, así que tal vez las cosas van a mejorar.


—Gracias a Dios. Ese examen se sentía como si me estuviera desgarrando de nuevo, pero no creo que estaría recibiendo una epidural si no me hubiera extendido mi cuello uterino.


—Eso es bueno. Significa que tienes una enfermera que sabe lo que está haciendo y puede hacer esto. —Quiero que Amy cuide de mí cuando venga.


Zac permanece en la silla designada donde Aldana le dijo que aparcara el culo.


—Nena, no estoy seguro de poder manejar verlos poner esa larga aguja en tu espalda. Me estoy poniendo un poco mareado de sólo pensar en ello.


—Zac Kingston, no me vas a abandonar.


—No quiero, pero no es como si pudiera evitarlo. Soy débil cuando se trata de cosas médicas… especialmente las agujas. No puedo con ellas.


—Es una lástima. No vas a ninguna parte. Te quedas aquí.


Aldana está siendo ruda con Zac. Espero no ser de esta manera con Pedro Henry cuando llegue el momento.


—Me quedaré en caso de que se convierta en demasiado para ti y tengas que irte. — Quiero decirle a mi mejor amiga que está siendo una perra con su nuevo marido y que no se lo merece. Zac ha estado ahí para ella a través de todo desde el momento en que le contó sobre el bebé, así que realmente me gustaría decirle que le dé un poco de holgura. No tengo la oportunidad, sin embargo, cuando el anestesista y Amy entran en la habitación.


El hombre que acompaña a Amy lleva una bata azul —y debe tener por lo menos sesenta ya que su pelo es todo gris— así que estoy esperando que eso sea un signo de la experiencia.


—He oído que alguien aquí está en busca de una epidural.


—Sí, cariño, tráelo. ¿Dónde me quieres?


—Sentada, ya sea con las piernas cruzadas o con las piernas colgando. Cualquiera está bien. Sólo asegúrese de que ambas piernas están en la misma posición para que su espalda no se tuerza.


Amy posiciona a Aldana de modo que esté sosteniendo una almohada alrededor de su abdomen embarazado.


—Haz tu espalda baja hacia atrás. Cuanto más te encrespas alrededor de la almohada, más abres esos espacios. Cuando uno se sienta, el espacio se cierra, así que trata de doblar tu columna vertebral en una C y mantener esa posición hasta que él te diga que puedes sentarte.


Aldana se acomoda y veo a través del cuarto, hipnotizada por lo que están haciendo con ella.


—No me siento muy bien. —Miro a Zac, que tiene un matiz blanco y enfermizo.


Amy me da instrucciones desde donde está parada.


—¿Puede ayudarlo a llegar al sofá y poner sus pies en alto? —Aldana está apoyada en su enfermera—. No puedo moverme de esta posición.


Lo dirijo hacia el sofá y estoy preocupada al instante porque Zac es un tipo grande y yo soy una chica no tan grande.


—Por favor, no te desmayes en mí, porque no puedo atraparte si te caes. —Me siento aliviada cuando su culo golpea el cojín y se gira para poner sus piernas sobre el brazo—. ¿Y ahora qué?


—Ponga unas almohadas debajo de sus pies —responde Amy.


—Y luego toma fotografías —dice Aldana en voz alta, que aún permanece en su posición.


Zac no se ríe o discute. Realmente no se siente bien, pero tal vez un poquito de color rosa está volviendo a sus mejillas.


Entro en el baño y mojo una toalla para él.


—Aquí. Tal vez esto ayude.


Lo toma y se limpia la cara.


—Gracias. Creo que voy a estar bien ahora. —Suspira—. No puedo soportar las malditas agujas.


Miro la tinta negra en su bíceps.


—Tus dos brazos están cubiertos de tatuajes.


—Eso es diferente. Aquellas sólo tocan la superficie de la piel. Nada se mete en mi columna vertebral.


—No metieron una aguja en la columna vertebral de Aldana. —Pero medio lucía como si fuera eso lo que estaban haciendo.


—Creo que me puedo sentar ahora. —Se levanta a una posición sentada y pone sus pies en el suelo, mirando hacia abajo para no echar un vistazo a Aldy o lo que le están haciendo con ella—. ¿Estás bien ahí, rubiecita?


Aldana no responde y ambos giramos para ver lo que está pasando. Amy sonríe y apunta a Aldy.


—Ya está dormida.


¿Eso es normal?


—¿La epidural la puso a dormir?


—La epidural no hizo eso. Está agotada porque ha estado en esto por un tiempo, y es bastante temprano, así que la pobre está agotada. —Y estoy segura de que no estaba en la cama durmiendo cuando todo esto comenzó. Supongo que Pedro Henry casi tenía el escenario correcto.


Utilizo el poco tiempo de la siesta de Aldana para salir y ver a Pedro Henry, ya que han pasado horas. Me sorprende, o más bien me impacta, cuando lo encuentro en una conversación civilizada con Benjamin. Creo que están discutiendo del trabajo por lo poco que oigo, algo acerca de viñedos y la gestión de los mismos en función de la ubicación. Chloe me ve antes que ellos y se encoge de hombros, dándome una mirada desconcertada.


Quiero escuchar a escondidas, sólo para ver lo que están hablando, pero Pedro Henry se voltea y me ve.


—Oye. ¿Cómo va todo ahí dentro?


—Mejor ahora, pero fue muy mal por un rato. Llegó a cuatro centímetros, le dieron una epidural, y esta cómoda. Está durmiendo la siesta.


—¿Tienes miedo ahora?


Diablos, sí. Estoy aterrorizada.


—Tenía miedo antes, pero lo que acabo de ver confirma que hay razón para estarlo y eso que ni siquiera ha tenido al bebé todavía. Va a ser duro, Alfonso.


—Eres muy resistente, P. Tengo fe en ti.


Se necesita la mayor parte de la mañana para que Aldana llegue a diez centímetros — trece horas desde el inicio— pero se nos dice que eso es lo normal. Luego viene la parte divertida: empujar a este niño fuera de su cuerpo. Su gestación fue de treinta y seis semanas por lo que técnicamente todavía es considerado como un recién nacido prematuro. Seguramente, no puede ser demasiado grande si nace casi un mes antes, ¿no?


—Diez centímetros es mi señal para salir, Aldy.


—¿Me estás dejando porque eres una cobarde y no quieres ver lo que está a punto de suceder?


Probablemente.


—Este momento les pertenece a ti y a Zac.


Me inclino a abrazarla antes de irme.


—Tengo miedo, Pau.


—Sin miedo. Vas a hacerlo maravillosamente.


Me uno a la familia de Aldy y Pedro Henry en la sala de espera y esperamos por unos insoportables noventa minutos antes de que se nos permita volver.


Entramos en la habitación de Aldy y el más hermoso niño en el mundo descansa en sus brazos. Está rojo y arrugado, y gritando porque está enojado; cuán apropiado para un hijo
de Aldana. Zac está inclinado besando la cara de Aldana, diciéndole lo mucho que la ama, y obtengo una visión de la felicidad que Pedro Henry y yo vamos a sentir cuando llegue James Henry o Maggie James. No puedo esperar.


Aldana gira a su hijo para que podamos verlo y Zac anuncia:
—Donavon Zachary Kingston llegó a la 11:41, con un peso dos kilos y ochocientos gramos, midiendo cuarenta y ocho centímetros.


Sí. Aldana se salió con la suya respecto al nombre de su hijo, pero nunca dudé que lo haría.




sábado, 25 de junio de 2016

CAPITULO 204





Puedo escuchar una voz pero no puedo descifrar de quién se trata o lo que está diciendo mientras lucho por abandonar el sueño. Siento a alguien sacudiendo mi hombro y me
pongo más alerta de mi entorno.


—Despierta.


—¿Hmm? —gruño.


—Tengo que ir al hospital.


Mi corazón despega como un helicóptero a la vez que me siento disparado de la cama.


—¿Qué sucede?


—Nada pasa conmigo. Aldana está en labor de parto.


Ruedo y miro el reloj y veo que son las dos de la mañana.


—Se acaban de casar… como hace ocho horas.


—Al bebé no le importa hace cuánto tiempo se casaron porque está llegando.


—¡Ugh! —Gimo a la vez que me siento y me giro para poner los pies en el suelo—. Me levantaré y te llevaré.


—Puedo conducir. Además, esto podría tomar un tiempo.


De ninguna manera voy a dejar que mi esposa embarazada salga sola a las dos de la mañana.


—Lo siento. No va a pasar.


Corre a rodearme con sus brazos y me besa entre mis omóplatos.


—Gracias, mi dulce, cariñoso marido.


—Puedes agradecerme apropiadamente después.


Me aprieta.


—Calenturiento.


—Tienes razón, nena.