Seis semanas listas. Seis semanas que quedan. Y apesta.
Mucho.
La vida en la carretera no es lo que había imaginado que seria. No era inocente.
Sabía que viajar todo el tiempo sería brutal, pero imaginé que el amor de los fans compensaría todo lo malo. No me malinterpreten, son geniales, pero el hogar no es un bus de gira o un hotel distinto cada noche. Esta vida no es para mí.
Quizás no me sentiría de esta manera si no supiera que el amor de mi vida estaba esperando para que fuera a él. Pero lo sé, y me está haciendo miserable. Se pone peor cada día y siento que podría estar cayendo en alguna especie de depresión.
Hablamos cada día sin falta, y a veces hacemos algunas travesuras por el video chat, pero no hace que estar separados sea más fácil. Me aterroriza que él vaya a cansarse de lo que estamos haciendo y decida que no quiera continuar con nuestra relación a larga distancia porque necesita algo tangible y yo no puedo ser eso desde tan lejos. Parece estar bien con cómo están las cosas, por ahora. Sé que eso no durará para siempre, pero no necesito que dure mucho más.
Sólo necesito seis semanas más –cuarenta y dos días más—y podremos estar juntos para siempre.
***
Siete semanas listas. Cinco semanas que quedan. Y aún apesta.
Cinco shows a la semana, una ciudad diferente cada noche.
Estoy agotada y odio lo que estoy haciendo, pero es un compromiso que accedí a cumplir. Quiero ser una rata y alejarme de la banda, pero no puedo porque no es quién soy. Amo a estos chicos y quiero verlos tener éxito. Si me voy sin un reemplazo podría arruinarlos. No lo haré en tanto que Pedro Henry acepte esperar por mí. Si dice que está cansado antes de que pueda ir a él, esto se acabó para mí.
No sacrificaré a nosotros ni a nuestro amor por Southern Ophelia o nada más.
***
Ocho semanas listas. Cuatro que quedan. Aun apestando.
Me preocupa Pedro Henry y yo. No llamó anoche.
Cuando finalmente lo encontré esta mañana, dijo que hubo un problema en Chalice y que tuvo que ir de inmediato. Pero podría haber llamado durante el viaje.
Es Adriana. Sigue haciéndose presente en su vida y ese es un problema para mí porque no estoy allí para saber lo que sucede. Le permitió ser la razón para que no habláramos, y eso me molesta.
Odio esto.
***
Nueve semanas listas. Tres semanas que quedan. Y es peor esta semana.
Perdí la llamada de anoche de Pedro Henry. Estaba tan agotada que me dormí sin esperar su llamada y no me levanté cuando trató de encontrarme. Sus palabras fueron frías esta mañana cuando finalmente hablamos. Me preguntó que estuve haciendo anoche, como si sospechara que no hubiera sido nada bueno.
Esto no está funcionando y comienzo a creer que nuestro futuro caerá si no voy a él pronto.
***
Diez semanas listas. Dos que quedan. Y hoy es el peor día de todos.
Catorce días. Puedo aguantar porque sé que hay luz al final del túnel, pero Pedro Henry no. Puedo sentir que está llegando al final de esta cuerda. Quiero alejarme de esto ahora, pero me recuerdo que puedo hacerlo pronto y manteniendo mi palabra.
Puedo hacer esto. Sólo tengo que seguir repitiéndomelo una y otra vez.
***
Once semanas lista. Una semana más. Lo conseguiré y estaremos bien.
No puedo esperar a hablar con Pedro Henry esta noche. Él no lo sabe, pero estaré en sus brazos en siete días. No puedo esperar a ver su cara cuando se dé cuenta de que estoy en casa. Para siempre.
Acabo de terminar un show, pero pensar en estar con él en una semana me excita así que creo que será una noche de video en vez de una llamada. Le envío un mensaje para decirle que me conectaré en diez minutos y que más vale que esté listo para mí.
Cuando nos conectamos, veo que está en su oficina, el lugar que se ha convertido en nuestra sala de juegos sexuales dado que generalmente para él es de mañana cuando hablamos.
—Espero que tengas esa puerta bien cerrada, porque me siento especialmente traviesa.
—Nena, tengo que hablar contigo sobre algo serio.
¡Mierda! No me gusta cómo suena eso.
—¿Qué está mal? —Algo ha pasado. No sé qué es, pero mi mente gira con imágenes de él encontrando otra mujer o diciéndome que hemos terminado porque ya no puede hacer esto—. Me estás asustando.
—Algo pasó anoche.
—¿Qué? —Por favor, no lo dejes decirme que se tropezó y cayó en la cama con alguien más. Mi corazón está acelerado en mi garganta y de repente siento nauseas. Me aterroriza el destino de esta conversación.
—Adriana estuvo en la casa de nuevo.
Oh, demonios, no.
—¡Estás bromeando!
—Desearía que sí. Llegué del trabajo ayer a la noche y cené solo como siempre. Me tomé un par de cervezas mientras miraba TV y fui a ducharme antes de ir a la cama.
Hay un motivo por el que está comenzando la historia desde este punto.
—No me gustará hacia dónde va esto, ¿no?
—Demonios, no —Hace una pausa breve antes de agregar. —Se metió en la ducha conmigo.
Mi pulso golpea tan fuerte que siento como sacude todo mi cuerpo pero especialmente mi cara.
—¡Esa perra! Voy a matarla. —Y en ese momento mi mente comienza a sacar conclusiones, como lo difícil que sería para él rechazar a una mujer desnuda en su ducha cuando está totalmente duro por casi tres meses sin sexo—. ¿Cogiste con ella?
—Diablos, ¡no! No puedo creer que acabas de preguntarme eso.
Veo por su expresión que lo he lastimado.
—Lo siento. Sólo pensaba en lo mucho que ha pasado desde que estuvimos juntos, y sé que debes estar muy frustrado.
—No me importa cuánto ha pasado. Mis bolas nunca estarán lo suficientemente azules como para querer algo de ella.
—¿Qué le dijiste?
—Que nunca estaría con ella de nuevo porque te amaba y nos íbamos a casar. Sé que no me has dado una respuesta, pero mi corazón me dice que vas a venir y nos casaremos cuando lo hagas.
No se ha rendido con nosotros. Ni conmigo. Pero ya no tengo alternativa. Es hora de que lleve mi trasero hacia allá y este con mi hombre antes de que lo deje escapar. Once semanas listas. Queda una. Pero me cansé de esta mierda.
¡Adiós!
Una semana ha pasado y estoy sobreviviendo, pero no bien. Paula y yo hablamos todos los días. Me mantiene pero es todo lo que puedo decir de nuestras conversaciones. Está tan callada, sin darme indicación de dónde está su cabeza en lo que a nosotros concierne.
Me he lanzado al trabajo como distracción, más de lo que hacía cuando me dejó en Marzo. Es muy temprano en la temporada pero las cosas lucen bien del todo en los viñedos. Mis hombres de confianza han probado que son valiosos en mi ausencia.
Me mudé de mi apartamento en Sydney a Avalon porque es donde me siento más cerca de ella. Tomé uno de sus pequeños trucos y robé algunas de sus prendas para poder tener algo de su olor conmigo. Debí haber robado algunas de sus bragas también. Me pregunto qué diría si lo supiera. Imagino que me llamaría sucio bastardo. Es como normalmente me llama cuando soy inapropiado, pero ama cada sucia cosa que le hago. Y lo hará otra vez. Espero que pronto.
Es hora de nuestra llamada diaria, así que le envío un mensaje de texto para hacerle saber que quiero un video chat.
Quiero verla y oírla.
Estoy esperando en mi oficina para darle tiempo para prepararse y sacar la ropa interior que he estado guardando en el cajón superior de mi escritorio. Tengo un par allí y otro en mi mesa de noche. Éstas son las bragas de encaje negro.
Las traje hacia mi nariz e inspiré profundamente. Aún huelen como ella.
Espero que traiga su trasero justo aquí antes de que pierdan su esencia o regresaré por más.
Cuando pienso que ha tenido suficiente tiempo para alistarse, contacto con ella.
Cuando veo su hermoso rostro, estoy arruinado otra vez.
Quiero dejar caer todo aquí y regresar corriendo a verla para poder tirarla sobre mi hombro y arrastrarla hasta aquí como el cavernícola que me llama.
—Hey, nena. Es tan bueno verte.
—Te extraño.
—Te extraño también. ¿Cómo estuvo el trabajo hoy? —le pregunto esto cada vez que hablamos para poder con suerte obtener alguna indicación de lo que está planeando, pero siempre es muy vaga.
—Las mismas cosas de siempre. Practicamos todo el día en el estudio para estar listos para el tour.
Ésa es la primera vez que ha mencionado regresar a la carretera. No estaría sorprendido si está planeando hacerlo desde que no ha mencionado el venir aquí.
Por un momento, me molesta, pero entonces recuerdo que viajar en ese bus y dormir en hoteles es exactamente lo que Paula necesita para darse cuenta de que debería estar aquí conmigo.
—¿Tratarás de conseguir algo de tiempo para visitarme en navidad? Mi familia realmente quiere verte otra vez. Mamá está a punto de tener un ataque para que regreses, y debes saber también que no estaba increíblemente entusiasmada por la forma en que dejé las cosas contigo.
Ya me dijo que estará ocupada durante las fiestas, pero le pregunto otra vez de cualquier forma, es una buena forma de señalarle cómo su trabajo con la banda va a evitar que estemos juntos en navidad.
—¿Te ha hecho pasarla mal? —Típica respuesta de Paula, su forma de evitar responder mi pregunta.
—No me lo ha hecho fácil. Tengo mis órdenes de tenerte aquí para las fiestas, así toda la familia podrá estar junta.
Está sonriendo.
—¿Toda la familia, eh?
Ella es parte del clan Alfonso, incluso si aún no se ha dado cuenta.
—Eres parte de esta familia así estés allá o aquí.
—¿Cómo está Emma esta semana?
¿Por qué hace eso? ¿Cambiar a un asunto diferente justo cuando creo que voy a sacarle algo?
—Ha empezado a tener contracciones desde ayer luego de que hablamos, así que tuvo que ser ingresada al hospital la noche anterior para que le dieran medicinas para detenerlas.
Parece alarmada.
—¿Es en serio?
—Lo es, pero pasa siempre, así que no nos alarmamos como lo hicimos cuando pasó con Celia. Su doctor quiere mantenerla embarazada otro mes, pero no sé si va a pasar. Empezó bastante más temprano esta vez. El bebé habría estado bien si hubiera nacido ahora. Sólo habría sido pequeño y habría tenido que crecer en el hospital por un tiempo.
Es mi turno de cambiar de tema, y no iba a detenerme.
—No hemos hablado de qué clase de boda quieres.
Creo que hablar de esas cosas hará que se incline más a aceptar más pronto.
—No lo sé. ¿De qué clase quieres tú?
Los hombres no se preocupan de esas cosas.
—De la clase que me convertiría en tu esposo. Ése es mi único requerimiento. ¿Pequeña o grande?
—Algo pequeño. Sólo serían tu familia y amigos.
Luce triste.
—¿Por qué dices eso?
—Mi mamá me dijo que no vendría a Australia. Asumo que eso incluye verme casada.
Esa perra. Es una estratagema para conseguir que Paula se quede y no la deje a ella o a su carrera.
Veo el dolor en los ojos de Paula y no quiero nada más que sostenerla. Pero no puedo, y es frustrante como el infierno.
—Me casaré contigo en los Estados Unidos si quieres que ella esté aquí. Iré mañana si quieres que mi familia y yo dejemos todo para estar allí.
—Te amo por tu disposición a hacer de todo por hacerme feliz, pero no puedo pedirte eso a ti o a tu familia. No estaría bien hacerlos venir a todos aquí.
Eso parece prometedor.
—Suena como si estuvieras diciendo que sí.
—Digamos que no estoy diciendo no.
Es un sí, incluso si no ha seguido a delante y lo ha dicho.
—Un “no estoy diciendo no”. Puedo vivir con eso por ahora, pero no te será suficiente para siempre.
—Lo sé.
Hay algo que puede hacer para mantenerme tranquilo.
—¿Estarías dispuesta a hacer algo por mí?
—Sabes que lo haré.
Va a pensar que soy un sucio bastardo de seguro cuando se lo pida, pero no puedo evitarlo; estoy tan duro por ella. Es terrible ir de tener sexo todos los días a nada de nada.
—Realmente necesito correrme y amaría verte desnuda mientras lo hago.
—¡Pedro Henry!
Pensaba que estaba bromeando cuando lo mencioné antes de que me fuera. No lo hacía.
—Vamos, nena. Has un striptease para mí. Por favor.
—Es por eso que querías un video chat, para poder hacer que me desnude.
—No, no era por eso. Quería ver tu hermoso rostro, pero entonces olí tus bragas justo antes de que nos conectáramos y ahora tengo una enorme erección con la que tratar. Realmente podría apreciar tu ayuda aquí, nena.
Se está riendo de mí.
—¿Oliste mis bragas?
—Sí. Robé algunas de las antiguas porque soy tan jodidamente adicto al olor de tu coño.
Está mirando con lo que creo que es incredulidad porque le haya dicho esas palabras.
—Ambos sabemos que soy un sucio bastardo, así que ni siquiera tienes que decirlo.
—¿Mi coño? —pregunta.
—Sí. Te amo, y tu coño es parte de ti, así que no hay ninguna maldita otra cosa que ame también. Y lo hago. De todo corazón.
Puedo ver que está dejando la mesa de la cocina.
—¿Qué estás haciendo?
—Bien, no puedo desnudarme bien en mi cocina. Y necesito algunas cosas. Sabes que tengo que tener un tiempo de música sexy si voy a desnudarme para ti.
Oh, joder, ¡sí!
—Wow, espera un minuto. Estoy en mi oficina y necesito asegurar la puerta porque despediré a cualquiera que entre aquí mientras estamos ocupados.
—Sabes que realmente no estaremos ocupados, ¿cierto?
—Nena, tengo imaginación y voy a usarla —digo mientras me levanto y voy a ponerle seguro a la puerta. Giro el pomo y pruebo para asegurarme. No es una situación en que la Sra. Porcelli necesite entrar y preguntarme qué quiero para comer.
Estoy de vuelta en mi escritorio con una erección atroz y ella ni siquiera se ha quitado una sola prenda aún.
—Estoy listo cuando tú lo estés.
Oigo una lenta y seductora canción viniendo desde el patio trasero, pero a ella no la veo. Un momento más tarde reaparece y empieza a balancearse con la música mientras tira su blusa por encima de su cabeza. La lanza alguna parte de la habitación y reconozco el sujetador blanco de encaje que está usando. Conozco las bragas a juego, el bikini de tirantes con el más diminuto trozo de material para cubrirla.
Se gira para desabrochar su sujetador, algo que siempre hago por ella, y lo deja caer al piso. Sus pechos son tan malditamente hermosos. No los he visto o tocado en una semana y está matándome.
—Tócalos para mí.
Pasa sus mano por encima de ellos desde abajo hasta los lados, empujándolos juntos. Sus dientes raspando su labio inferior mientras usa sus pulgares e índices para apretar sus pezones.
—Te gusta eso, ¿cierto?
—Realmente lo hago, pero es mucho mejor cuando soy yo haciéndolo.
Eso trae una sonrisa a su rostro.
—Cierto.
Mueve sus manos lentamente hacia abajo por su estómago, hasta que alcanza el botón de sus jeans y lo abre.
—Ups. Mira qué pasó aquí.
Desliza el cierre hacia abajo y empieza a quitarse sus pantalones y ropa interior.
—Tsk. Tsk. Odio cuando mi ropa cae de esa forma.
Mmm. Es tan jodidamente caliente parada allí desnuda, sólo para mis ojos. No puedo evitarlo. Tengo que tener algo de alivio, así que abro mi cierre y empiezo a hacer lo que Paula me haría si estuviera aquí.
—Tócate a ti misma y pretende que soy yo.
—Estás ordenado cosas extra sucias con un lado de perversión hoy —dice mientras camina hacia atrás para sentarse en la cama.
Se desliza hacia atrás y abre sus piernas, así que tengo una vista perfectamente clara cuando se toca a sí misma.
—¿Quieres verme tocando esto?
—Oh, sí. Así es.
La veo frotarse a sí misma y recuerdo exactamente cómo se siente cuando mis dedos hacen exactamente lo mismo que los suyos están haciendo ahora.
—Este debe ser el más dulce tormento que alguna vez he soportado.
Empiezo a masturbarme más rápido porque simplemente necesito acabar. Nunca pensé que me sentiría de esta forma, pero estoy en la miseria.
—Conozco esa expresión —bromea—. Creo que mi chico está a punto de venirse.
—Espero malditamente que suceda porque estoy a punto de jodidamente… morir… aquí.
Sólo un momento más tarde me vengo fuerte y rápido, justo la forma en que lo necesito. Apoyo mi cabeza hacia atrás en la silla de mi escritorio y disfruto de mi alivio. No es lo que consigo cuando estoy con Paula, pero es lo siguiente mejor. Tomaré lo que pueda a este punto.
—El chico ha llegado a la ronda tres y… ¡sí! Tenemos una anotación, damas y caballeros.
Rio porque no conozco a otra mujer que entrene a su chico con ese estilo. Y definitivamente no conozco a una que se desnude para que alguien más pueda venirse.
—Gracias, nena. No sabes cuánto necesitaba eso.
—Apuesto a que sí. Puedo o no estar dándole a la bala un montón de uso estos días.
No sé cómo me siento con respecto a eso.
—La bala está bien, pero yo no usaría la otra. No quiero nada a parte de mí dentro de ti.
—Estás siendo tonto. Un vibrador nunca podría reemplazarte.
Espero que no, pero no quiero darle oportunidad.
—No lo hará si no lo usas. He oído que las mujeres pueden insensibilizarse con el toque del sexo normal cuando usan demasiado esas cosas. No pueden tener un orgasmo con un hombre, y no quiero que eso pase porque planeo ser el único que te haga venir. Un montón.
—Quiero que me hagas venir, así que no deberías preocuparte. No soy fanática de tener nada dentro de mí excepto a ti.
—Perfecto. Eso es exactamente lo que quería oír.